Un estudio elaborado por GesPlan en octubre de 2007 acredita que los ingresos obtenidos por su cultivo superan los de productos como el tomate y el plátano. Éstos, aunque tienen una productividad mayor, no alcanzan el valor estimado de las plantas ornamentales. A la cola se sitúa el sector de las legumbres.
F. ALDUÁN, La Laguna
Los datos obtenidos por la empresa Gestión y Planeamiento Territorial y Medioambiental (GesPlan) en un estudio elaborado en octubre del año 2007 revelan que el cultivo de plantas ornamentales, con una producción de 19,1 kilogramos por hectárea cultivada, se configura como el principal motor económico del sector primario en La Laguna. Además del sector de la ornamentación, hay otros cultivos que también poseen una gran productividad, como es el caso del tomate y también del plátano, que alcanzan un índice de 83,4 y el 36 por hectárea cultivada, respectivamente.
Aunque la productividad de estos dos alimentos es superior a la de las plantas ornamentales, el valor estimado de la producción de éstas supera con creces a la del tomate y el plátano, convirtiéndola, así, en la principal fuerza económica del municipio.
El ámbito de las leguminosas se sitúa a la cola en cuanto a la productividad se refiere, con tan solo un 0,8 de producción media por hectárea cultivada. De hecho, en La Laguna sólo hay 160.000 metros cuadrados cultivados de leguminosas.
Por otro lado, GesPlan también realiza un análisis de la superficie cultivada del municipio y, aunque los datos corresponden al periodo comprendido entre los años 1998 y 2000, ya se puede apreciar una disminución del número de hectáreas destinadas a la agricultura. Si en 1998 se cultivaron alrededor de 2.200 hectáreas, dos años después la cifra se redujo en cien, llegando apenas a las 2.120.
Razón de la reducción.- La razón de esta reducción se debe, según GesPlan, “al bajo precio que recibe el agricultor respecto a los precios que pagan los consumidores” por sus productos, no siendo rentable entonces el cultivo de las tierras. El hecho es que, mientras los consumidores reclaman precios más reducidos, los productores reclaman mayores rentas, obteniéndose, de esta forma, un diferencial de precios medios que alcanza el 30,7%.
A modo de consejo, GesPlan advierte de que si se atiende a los datos recopilados por GesPlan sobre el precio que se paga al agricultor, “se puede apreciar que son ridículos en comparación con los precios que pagamos los consumidores, lo que obliga a tomar medidas en la siguiente dirección: facilitar la conexión productor-consumidor y fomentar el asociacionismo entre los productores”.
Disparidad de precios.- Valga como ejemplo el hecho de que, por la venta de un kilogramo de tomates, un agricultor recibe alrededor de 0,47 céntimos de euros. Y por este mismo producto, el Mercatenerife recibe 0,68 céntimos. Pero en el caso de las uvas es casi peor, pues por un kilogramo de esta fruta los agricultores reciben 1,25 euros, y el Mercatenerife 1,73.
Como solución a este desfase, GesPlan aconseja, en primer lugar, constituir “mercadillos del agricultor en los que los precios de éstos sean mayores que los que reciben de los intermediarios y que sean menores que los que pagan los consumidores en el mercado libre. Esta sería una política óptima en la que ganaría el productor (y que incentivaría la puesta en cultivo de más tierras) y el consumidor (que pagaría un precio menor, ganando en poder adquisitivo)”. Y como segundo objetivo, GesPlan establece “el asociacionismo como principal mecanismo para que los agricultores ganen en poder de negociación a la hora de negociar los precios o de reivindicar otro tipo de cuestiones relacionadas con el bienestar del sector”.